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  • rocioabellalevita

La distancia física separa cuerpos, no corazones.

El aislamiento físico no necesariamente tiene que ser un aislamiento social. Más allá que el contacto virtual no remplaza el contacto presencial, viene a sumar una nueva forma de comunicarnos y de estar conectados, por lo tanto, es muy importante que fomentemos este tipo de encuentros porque somos seres sociales.

Es fundamental en estos tiempos de aislamiento estar en conexión con aquellas personas que nos hagan sentir bien y a su vez con aquellos que más lo necesitan, por ejemplo, los adultos mayores que viven solos y no pueden salir de sus casas.

Es lógico, entendible y esperable que tengamos el deseo de salir hacia las calles, de volver a nuestra cotidianidad; no es sencillo adaptarse a una nueva realidad y a medida que avanzan los años las creencias y los hábitos se hacen más fijos.

Hay que tener presente que la mente y las emociones también pueden enfermar al cuerpo. Por eso debemos ocuparnos de estar conectados con nosotros mismos y de poder exteriorizar aquello que sucede en nuestro interior, ya sea por ejemplo, poniéndolo en palabras entre tantas otras formas posibles.

Hablar sobre lo que nos pasa nos libera, nos aliviana. Sentirnos escuchados, también.

Desde la distancia física acompañemos desde la cercanía del corazón. La distancia separa cuerpos, no corazones.

Uno de los grandes aprendizajes de esta pandemia podría resumirse en la frase del pedagogo y filósofo Paulo Freire: “Nadie se salva solo, nadie salva a nadie, todos nos salvamos en comunidad”. Es tiempo de comprender que somos en red, no somos sin el otro, de hecho nos constituimos gracias a la existencia de los demás.

Somos seres humanos y es en la esencia de nuestra humanidad donde vamos a poder encontrar las respuestas a esta incertidumbre que nos toca atravesar.


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